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“Je t'aime… moi non plus” (Yo te amo… yo tampoco)

Por Marycruz Najle

“Don Bienvenu, que en francés quiere decir “bienvenido” (vaya paradoja para seguir con las contradicciones), agregó unas cuantas cosas más, como que tuvo que hacer maravillas para que sus compatriotas se decidieran a invertir en un país como el nuestro, cuya fama es más que incierta. Hasta se dio el 'tupé' de contar que una empresa constructora de Francia que hizo varias obras para el gobierno todavía no había cobrado por las mismas”.
Martes, 13 SET 2011 - 02:00  |  
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Hace años. Muchos más de los que a mí me parece que han pasado y mucho menos de lo que usted cree, la pareja formada por Serge Gainsbourg, un cantautor y actor francés, y la bella inglesa Jane Birkin, cantaba esa canción que los jóvenes de entonces, es decir nosotros, tarareábamos como si nos estuvieran hablando al oído. Según la Wikipedia, la canción es considerada por muchos como “la máxima canción de amor” de la historia. El tema, cantado por Serge con voz grave, tiene como coprotagonista a la Birkin, la joven de la cual se enamoró creando una pareja símbolo de esos años. La grabaron en el 69, año emblemático en el que todavía estaban frescos los aires de libertad del mayo francés.

Ella gemía y suspiraba y él contaba la historia de un amor prohibido, que después se supo era la historia de su amor con otra ícono francesa, Brigitte Bardot, quien le había pedido que no grabara la canción, cosa que el hombre aceptó, hasta que se encontró un año después con Jane y allí nadie los detuvo, ni como amantes, ni como dúo musical.

¿Y a qué viene esta vieja historia? Es que la frase, “yo te amo… yo tampoco” tiene que ver con eso de la contradicción y la duda, con el amor sometido a los vaivenes del corazón, que tan bien retrata el tema. Y, perdónenme la licencia , pero se me ocurrió estar escuchándola de nuevo, cuando leí en los medios lo que dijo el embajador saliente de Francia, don Gilles Bienvenu, al recibir una condecoración del gobierno paraguayo.

El diplomático francés, como un caballero, agradeció primero a las autoridades de gobierno por haberlo honrado con la Orden Nacional del Mérito, en el grado de “Gran Cruz”, pero además de las palabras acostumbradas en éstos casos, parece que se le subió el alma al cuerpo humano y dejó de lado las formas que tanto abundan en el mundo de la diplomacia y se despachó con una queja por los “puntos negros” que el Paraguay sigue mostrando hacia los países del primer mundo.

El hombre, con la medalla puesta, tomó aire y dijo: “No es este el panegírico del gobierno que me condecora, las dificultades están a la vista, en particular el diálogo con el Congreso… Hay dos puntos negros que no puedo dejar de mencionar: el rechazo a la Renta Personal por parte de ciertos sectores y la deforestación acelerada”.

El rostro del canciller, que acababa de prenderle en la solapa del elegante saco, apenas mostró un rictus de sorpresa . Al fin y al cabo, él también estaba allí como diplomático.

Don Bienvenu, que en francés quiere decir “bienvenido” (vaya paradoja para seguir con las contradicciones), agregó unas cuantas cosas más, como que tuvo que hacer maravillas para que sus compatriotas se decidieran a invertir en un país como el nuestro, cuya fama es más que incierta. Hasta se dio el “tupé” de contar que una empresa constructora de Francia que hizo varias obras para el gobierno todavía no había cobrado por las mismas.

Y bueno. Los representantes del gobierno nacional tragaron saliva y se “bancaron” la queja de monsieur Gilles, que de ídem parece que no tiene mucho sino todo lo contrario.

Más de uno, habrá pensado en dar un salto y arrebatarle la medalla, pero… nobleza obliga, mejor dejar las cosas así.

Lo cierto es que no puedo dejar de imaginarme al embajador francés, rumbo al aeropuerto internacional, el día que se vaya. Me lo imagino sintiendo esa rara mezcla de amor y desamor por una relación que termina.

Me lo imagino cantando despacito  “Je t'aime… moi non plus”  durante el vuelo de regreso a París,  al recordar sus días en el  Paraguay.

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